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Boletín N°3 - “A tres años de la denominada “marcha más grande de Chile”: la lucha por octubre”

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“A tres años de la denominada “marcha más grande de Chile”: la lucha por octubre”.

ÁREA: CIENCIAS SOCIALES.

TIPO DE PUBLICACIÓN: COLUMNA DE OPINIÓN.

AUTOR: Octavio Sebastian Echeverria Alfaro, Estudiante de Magíster Ciencias Sociales, mención Estudios de la Sociedad Civil, Instituto de Estudios Avanzados (IDEA-USACh), Universidad de Santiago de Chile (USACH).

CORRESPONDENCIA: octavio.echeverria@usach.cl


El 25 de octubre de 2019, a siete días de iniciada la revuelta popular, se convoca a la marcha más masiva desde la vuelta a la democracia. Esta marcha fue el absoluto peak de convocatoria de toda la revuelta que se extiende hasta marzo de 2020, y fue también el hito masivo que consolida el triunfo de los relatos más importantes del levantamiento popular, a saber: “no son 30 pesos, son 30 años” y “Chile será la tumba del neoliberalismo”. Podemos considerar con justeza que estos relatos son las principales tesis de octubre.
La consolidación de las tesis de octubre son un remezón absoluto para las élites empresariales y políticas de izquierda y derecha, que con razón declararon previamente: “no lo vimos venir”. Se derrumbaban los relatos de avance y progreso de la modernización neoliberal, desfondando de paso el pacto transicional de estabilidad PS – DC, y bajo un clamor refundacional de hartazgo generalizado contra la elite política y empresarial, se ponía en entre dicho tajantemente la continuidad del modelo. ¿Cuál es la ilusión que esconde Chile, su profundo malestar o su exitosa modernización? Esta es la pregunta arrastrada que zanja octubre.
Para sectores críticos más radicales el malestar social constituye el producto mismo de la modernización neoliberal, dada la profundización de la privatización pública, y mercantilización y precarización generalizada de la reproducción social. Durante los años previos a la revuelta, entre 2010 y 2019, el ciclo de conflictividad social en el país abierto por los pingüinos en 2006 iría en franco aumento y transversalidad, con movilizaciones de distinto tipo, dimensión, temática y espacialidad. Movilizaciones que daban cuenta de un país profundamente fracturado política y socialmente, cuestión que se hizo tremendamente evidente en el informe “Desiguales Orígenes, Cambios y Desafíos de la Brecha Social en Chile” (PNUD, 2017), el cual expone salarios bajos y alta rotación del empleo, contracción de los ingresos, un sistema educativo deficiente en igualar oportunidades, impuestos, transferencias y seguridad social insuficientes, y sobrerepresentación política de capas sociales altas. Siguiendo a Canales (2022): “Octubre es el hastío del sujeto popular neoliberal con el mismo orden en que cada vez sale perdiendo, todo, la existencia". Por lo tanto, no es posible, bajo estas críticas, explicar como un orden societal, políticamente deslegitimado, económicamente estancado y socialmente fracturado, se sostuviese en estabilidad. De ahí su ilusión.
Sostengo que las tesis de octubre sistematizan las críticas anteriores, en dos núcleos políticos principales: a) el histórico – estructural, malestares, abusos y tensiones acumuladas surgidas de las consecuencias de las desigualdades sociales y territoriales producidas por la intensificación neoliberal, esto es, la privatización de servicios y derechos, la precarización de la vida y la proliferación de espacios de sacrificio (internas y externas al sujeto); y b) la composición de la estratificación social surgida, con sectores marginalizados y capas medias frágiles con dificultades para reproducirse social y culturalmente, producto de una amplia franja de jóvenes que pudieron acceder a educación terciaria (la mayoría primerizos en sus familias) con trabajos esporádicos, precarios y/o hiperflexibilizados, y una extrema mercantilización y disminución de los espacios y tiempos de vida no laboral (Ruiz y Caviedes, 2020). 
Pero con el triunfo avasallador del rechazo el 4 septiembre, la derecha y algunos sectores de la ex concertación, con todo su aparataje político, comunicacional y académico, han iniciado un franco proceso de cierre de la revuelta desarmando las tesis consolidadas en la protesta. A su vez, el Gobierno de Apruebo Dignidad en su fragilidad política y profunda derrota, ha venido tranzado octubre y con ello matizando o negado sus tesis, construcción simbólica de la cual fue parte activa, un giro que provoca profunda asincronía con su relato y programa, que en teoría buscaba dar respuestas a aquellas tesis.
Octubre está en disputa, en un forcejeo entre las viejas explicaciones transicionales del malestar y el relato de octubre. Una suerte de rescate del legado, una lucha por el significado de los 30 años en forma de pasado glorioso, pero al mismo tiempo oscuro. Desde Tironi (1990) hasta Peña (2020a, 2020b) podemos ver la construcción de dicho argumento, el cual se puede sistematizar en tres pilares: a) la anomia – principalmente juvenil-, producto del proceso de individualización extremado en la modernización neoliberal que trae consigo una pérdida de la pertenencia y el arraigo social y cultural, el debilitamiento de las agencias primarias de socialización y el descentramiento social; b) la paradoja del bienestar, cuando sectores excluidos acceden a los medios que veían a la distancia dándose cuenta que el aura de inclusión y status de dichos medios no es tal, trayendo consigo frustración; y c) la paradoja de la desigualdad, sobre la pérdida de legitimidad que sostiene la desigualdad socialmente aceptada, esto es, se diluyó la promesa del consumo y la meritocracia, debido a que la productividad se estancó y la educación entró en crisis como relato de escalabilidad social. Lo que estos postulados establecen políticamente es que el relato general de octubre no fue ni contra el pasado, ni contra el modelo, sino contra los desajustes y desequilibrios sociales y culturales de una modernización inacabada. La ilusión serían las propias tesis de octubre, sobre un malestar que existe, pero no es tal.
Lo que está en disputa es la dimensión más importante de la revuelta, el ethos que levanto, lo que constituye su programa y proyecto político, esto es, el fin del neoliberalismo y la crítica a su profundización transicional, aquello que es posible de anclar bajo una perspectiva histórica de horizonte de nuevo orden social que permita la acumulación orgánica de fuerzas futura. De allí la importancia y urgencia para los sectores movilizados de la revuelta de disputar octubre. Pero considero para eso, que la revuelta necesariamente debe ser desapegada del presentismo identitario, el moralismo testimonial y la violencia política inútil.
 
 
REFERENCIAS
1. Canales, M. (17/10/2022). “Sociólogo Manuel Canales: esta sociedad, así partida como está, no se aguanta en sí misma". El Mostrador: elmostrador.cl. Disponible en: https://www.elmostrador.cl/cultura/2022/10/17/sociologo-manuel-canales-e...
2. Peña, C. (2020a). La revolución inhallable. Estudios Públicos, (158), 7-29.
3. Peña, C. (2020b). Pensar el malestar: La crisis de octubre y la cuestión constitucional. Taurus.
4. PNUD (2017). “Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile”. Santiago, Chile: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
5. Ruiz, C., & Caviedes, S. (2020). Estructura y conflicto social en la crisis del neoliberalismo avanzado chileno. Espacio abierto, 29(1), 86-101.
6. Tironi, E. (1990). Autoritarismo, modernización y marginalidad: el caso de Chile, 1973-1989. Santiago de Chile: Sur.